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Una mancha de rouge

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Y un día de verano, finalizando el año Juanita regresó. Previamente había cancelado un turno por motivos que yo desconocía. Esa vez la esperaba, en esta me tomó de sorpresa. En el lío de pacientes de fin de año y con la cabeza en tantas cosas se me pasó que era Juanita la que me esperaba. Saludo de rigor. Un cómo va todo. Ella siempre sonríe, parece contenta. Le pregunto que la trae a la consulta y muy suelta de cuerpo me dice que yo le había dicho que antes de fin de año pase, lo cual era absolutamente cierto. La charla transcurre como una consulta médica común. En un momento decido preguntarle acerca de sus cuitas amorosas -Y cómo van tus cosas Juanita, con mirada cómplice que ella ya identifica perfectamente -A qué se refiere, doctor? Haciéndose la distraída -A Pepe, por supuesto -Eso es tema terminado. Tengo otro candidato en este momento, me dice con un gesto pícaro -Ah, si? Y quien es - Un remisero que me lleva -Y Pepe, insisto -El también tiene sus candidata...

En nuestras despedidas nunca existió un adiós.

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Hace unos días veo en la lista de pacientes a Juanita después de bastante tiempo. Me puso contento, casi excitado. Me había quedado con ganas de saber más, de conocer, es como si desde la consulta inicial y desde que escribí su historia hubiera pasado a ser una parte importante de mi. Llega el horario y no viene, pasa el tiempo y definitivamente no viene. Sensación de frustración, de “otra vez será”, con un dejo de: tal vez leyó su biografía no autorizada y se molestó. Pasó el momento y siguieron corriendo días de intensidad laboral extrema y, confieso que me olvidé por completo de Juanita. Y ayer nomás la veo, pero no en la lista, sino de cuerpo presente (como en los funerales de mi pueblo), en la sala de espera con una sonrisa franca saludándome a la distancia. Me acerco y le doy un beso, le digo en un ratito estamos. Sigo atendiendo, pero la verdad que lo único que quería es que le llegara el turno a Juanita. Finalmente abro la puerta y llamo: -Senderooo! Se levanta y...

El amor es un eterno desencuentro

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Mi amigo Horacio dice muchas cosas. Es psicólogo y tiene frases de cabecera que repite periódicamente. Entre otras siempre dice que “el amor es un eterno desencuentro” . Me gusta hablar con mis pacientes, creo que aprendo muchísimo de la vida con ellos y me encanta tener tiempo para ello. A veces se me hace difícil. Hace poco viene al consultorio una paciente a la que veo desde hace poco. Juanita Sendero se llama. -Que hiciste este fin de semana Juanita? Pregunto con inocencia. Claro, una pregunta dispara enorme variedad de respuestas que nos lleva a lugares insospechados y a historias, como las que a mi me gustan. -Fui a bailar, me dice con pícara sonrisa (Juanita tiene 81 años, aclaro esto antes de continuar). -Buenísimo! Y hubo pique, pregunto. -Yo siempre tengo algo arreglado me dice, sin precisar y para dejarme con la espina. -Vos sos casada, soltera, viuda, juntada? -Viuda me dice. Y ahí arranca la historia. Ni yo sé por qué fue, pero se ve que quería conta...

Es difícil ser superhéroe en Argentina

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Hace algunos días un hecho me sacudió profundamente de mi modorra veraniega. Había aparecido un superhéroe vernáculo, uno de verdad aquí en Argentina. Lo que esperé toda la vida. Ya no tendríamos que ver a los desgastados héroes americanos como el anticuado Superman, el ambiguo Batman, cuya relación con Robin sigue siendo un enigma que preocupa a los amantes del género, al Capitán América, demasiado Yanqui, con su bandera de estrellas y su escudo, Aquaman!!! Nada que viva en el agua puede ser un verdadero superhéroe. Y la lista sería larguísima: Linterna Verde, recientemente cuestionado por declararse públicamente homosexual, Los Cuatro Fantásticos, el mismísimo Hombre Araña y siguen las firmas. Descarto a Canayaman, dado que sus actuaciones en el último tiempo han dejado bastante que desear, no pudiendo hacer absolutamente nada para que su equipo, Rosario Central , lograra el ascenso a primera división. Pero acá apareció el nuestro, el Capitán Menganno. Un superhéroe de verdad, con m...

Adiós Querido Sr. Invierno

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Esta historia comienza hace bastante tiempo, podría decir unos 3 años tal vez algo más o un poco menos, pero no hace a la cuestión. Tal vez no sea casual que me decida a escribirlo en un tórrido día de verano. Es conocida mi aversión por el calor inapropiado, insoportable, impiadoso. A tal punto llega lo mío que hace mucho, antes de que alguien mencionara lo del calentamiento global, pronostiqué el fin de los inviernos en nuestra región. Lo comenté entre amigos, conocidos y por supuesto en el consultorio con mis pacientes. Eran comunes mis comentarios al respecto y era insistente con los mismos. Un día, pongamos que hace 3 años en un gélido día de invierno recibo un mensaje muy ingenioso que decía algo así como: “Doc! Usted me dijo que se acababan los inviernos, yo le creí y regalé la bufanda y el gamulán. Hoy me estoy cagando de frío. Me puede decir que mierda hago ahora?” Fantástico, maravilloso. Me descolocó inicialmente, a tal punto que respondí algo de ocasión. A partir de ese...

La culpa es del chancho (Crónica de un hecho real)

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Reconozco que a medida que envejezco, o me pongo más grande para ser más suave, voy queriendo menos el verano con sus días tórridos, imposibles de soportar si no es con aire acondicionado. Francamente intolerables! También debo asumir que a esta altura de mi vida el majestuoso río Paraná me gusta más para contemplarlo desde la barranca, sentado en mi sillón y tomando mates. Eso de introducirme, pisar barro o ser mordido por una simpática palometa está dejando de ser parte de mis placeres. Esto empieza hace pocos años en ocasión de lo que llamaría “la fiebre del río” en mi familia que incluyó la adquisición de primorosos kayaks para navegar cuando uno quiera por el imponente río marrón. Recuerdo acá que lo de marrón seguramente tiene mucho que ver con el barro, que como comenté no me gusta pisar. La presión y la insistencia de ir a navegar fueron en aumento. El esfuerzo físico tampoco es mi debilidad, así que de solo pensar en cargar con el pesado elemento llamado kayak, bajarlo...

Un elogio del otoño (escrito en plena primavera)

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No sé muy bien de donde me viene el amor por el otoño. Hace tiempo que vengo postergando escribir esto. Casualmente lo empiezo en primavera, que sería exactamente lo opuesto al otoño. Y no es casual, porque lo que quiero es reivindicar al otoño frente a la odiosa primavera. ¿Y saben qué? El otoño me parece sincero, abierto y sin dobleces. La primavera es oportunista, tiene muy buena prensa y creo, estoy convencido, de que miente. A la gente mayor se le dice que está en “el otoño de la vida” y a los que andan por los 15 transcurren “la primavera de la vida”. Un día gris y lluvioso en cualquier época del año es un día otoñal, así como un día hermoso y soleado aún en pleno otoño es un día primaveral. La primavera es joven, hermosa, deseable, lujuriosa. El otoño es viejo, gastado, feo, para nada sensual. Ahora digo yo…..donde empieza este tema de las estaciones. Si es por orden el otoño sucede primero y la primavera sería más vieja, por asi decirlo. No sé quien determinó que el otoño...